PSICOLOGÍA/ ¿Cómo alcanzo el éxito?

Primer paso: establecer unos buenos objetivos

Siempre queremos dar lo mejor de nosotros mismos para logar nuestros objetivos propuestos y seguir luchando por unos nuevos. Para alcanzar nuestros metas, en primer lugar, debemos de tener muy claro que aquello más importante es la relación entre mente y cuerpo pero, ¿cómo podemos mejorarla?

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Uno de los puntos más importantes es la concentración. Esta es un proceso voluntario que se basa en centrar la atención de la mente sobre un objetivo o cualquier actividad que se esté realizando en ese momento, dejando momentáneamente de lado todo aquello que pueda interferir en la práctica del ejercicio que estamos llevando a cabo.




Para poder mejorar la concentración es conveniente tener claro donde queremos focalizarnos y cuales son nuestros objetivos. Para que esto sea más sencillo hay algunas características que son recomendables que posean:

  • Claridad: es importante que los objetivos estén especificados y sean claros. Si, por ejemplo, estás en una etapa de volumen tu objetivo no debe ser “subir peso”, sino aumentar el aporte calórico para aumentar masa muscular sin subir el porcentaje de grasa.
  • Estimulación: es muy importante que los objetivos que nos marcamos supongan retos para nosotros y que nos obliguen a dar lo mejor de cada uno. Si son fáciles no dan pie a que exprimamos nuestro verdadero potencial. De otro lado, también es importante considerar que los objetivos muy difíciles tampoco mejorarán la concentración.
  • Apego: para poder estar concentrados en nuestros objetivos es importante que haya una sintonía entre nosotros mismos, los objetivos generales del entrenamiento y la confianza en uno mismo. Normalmente, aquellos objetivos que nos estimulan son también aquellos que nos impulsan a continuar luchando.
  • Feedback: una retroalimentación constante sobre nuestros progresos en relación a los objetivos es un factor muy importante en la motivación y la concentración. El feedback nos permite observar nuestro día a día y adaptar nuestros objetivos. Además, nos permite valorar si necesitamos ayuda extra.
  • Complejidad: a veces queremos conseguir tanto que nos marcamos objetivos imposibles, alejando nuestras metas de la realidad. En estos casos, lo que se debe hacer es fragmentar nuestro objetivo final en pequeñas series de metas o estadios intermedios, para así garantir claridad y poder tener un mejor feedback sobre el proceso.




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Por ejemplo, una persona que quiere perder peso no es aconsejable que diga “Este año voy a empezar el gimnasio y voy a perder 30 kilos”, sino que aquello aconsejable es que diga que quiere verse mejor consigo misma, ganar autoestima y mejorar su salud y estilo de vida y, para esto, debe perder peso. Las metas que debería marcarse variarían en función de su peso actual e ideal, pero deberían ser realistas: 2 kilos al mes, por ejemplo. Finalmente, si la persona ve que obtiene resultados y un feedback positivo el apego y la estimulación vendrán de inmediato!

Así pues, concentración, motivación, atención, percepción y emoción son todo procesos psicológicos interrelacionados que guían nuestro comportamiento y nos permiten seguir adelante. Pero, por encima de todo nos debe quedar claro que no gana el que quiere, sino el que se esfuerza.

Aquí podréis observar que establecer unos objetivos realistas te puede hacer llegar tan lejos como te propongas. Y es que, como es bien sabido, ¡Roma no se construyó en un día!

Carmina Llongueras y Esther Martín

@psycfits

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