PSICOLOGÍA/ “Alimentos y emociones se cogen de la mano”

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ALIMENTACIÓN Y EMOCIONES

¿Están relacionadas estas dos palabras tan diferentes? La respuesta es sí. Y, ¿Cómo puede ser esto? Pues bien, hay varias explicaciones que nos pueden aclarar por qué nuestras emociones nos hacen pensar en un alimento u otro.

En primer lugar, biológicamente hemos evolucionado para que alimentos con grasa nos produzcan más placer y pensaréis… ¡pues ya podría haber sido la fibra la que nos produjera esas emociones!

Pero, ¿por qué la grasa y no otra característica? Pues como muestra el estudio de Faulton S., entre otros, los alimentos con grasa nos eran muy útiles para sobrevivir en la prehistoria, ya que su aporte calórico proporcionaba la energía suficiente para aguantar varios días sin necesidad de ingerir alimentos. Es por esto que nuestro cerebro “creó” unos receptores que nos proporcionan placer cuando ingerimos grasa. De esta manera nuestro cerebro se aseguraba que a nuestros antepasados les interesara buscar este tipo de alimento para poder sobrevivir.

Es más Daniell Piomelli y sus colegas de la universidad de California, encontraron que las grasas de algunos alimentos producen endocannabinoides, que son sustancias químicas parecidas a la marihuana, relacionados con estados de euforia y el apetito, lo cual produce esa sensación tan positiva cuando ingerimos grasas.

Todo esto hace que cuando nos apetezca comer algo prefiramos comer alimentos más grasos.

En segundo lugar, también podemos hacer referencia a las asociaciones que hacemos de ciertos alimentos con las sensaciones y emociones que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. ¿Y esto cómo es? Pues bien, os hago una pregunta, ¿Quién no ha tenido ese abuelo o abuela que cada vez que nos veía nos decía lo guapos que éramos y nos daba cualquier dulce como recompensa?, o la típica frase que nuestra madre nos decía, “si te comes las lentejas, te dejo comer postre”. Pues bien, todo esto se ha repetido a lo largo de nuestra vida y en diferentes situaciones, lo cual ha dado finalmente a asociar por ejemplo, alimentos dulces y jugosos con una buena sensación, algo parecido a un estado de felicidad.

Esto poco a poco ha hecho que en nuestro día a día, cuando nos sentimos tristes, agotados, agobiados por lo que nos sucede nos vayamos a la nevera y cojamos aquello que más nos gusta, sin pensar realmente si es lo que nuestro cuerpo necesita.

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¿Cuál es el problema de esto? Que no estamos haciendo una buena relación entre el problema con una solución adecuada estamos mezclando sensaciones y emociones (psíquico) con la alimentos (físico), es decir, cuando estamos tristes y nos comemos una caja de galletas, esto no nos va ayudar a solucionar nuestro problema o a quitarnos esa sensación, en el momento en que termines de comerte las galletas y se vaya esa sensación de recompensa rápida y saciación, nuestra malas sensaciones volverán.

 

ES IMPORTANTE NO CAER EN ESTE ERROR. No podemos asociar una emoción, algo psíquico, con algo tan físico como un alimento. Con estas acciones solo escogemos la forma fácil de evitar el problema. En vez de tomar esta salida, debemos detenernos, tomarlo con calma y pensar por qué nos sentimos así, qué es lo que lo ha causado, y qué puedo hacer para cambiarlo. Para hacer esto debemos utilizar nuestros pensamientos y no nos debe dar miedo adentrarnos en ellos y conocernos a nosotros mismos e identificar nuestras sensaciones y emociones.

Al principio puede resultar difícil y confuso, por eso es aconsejable que las primeras veces que lo hagáis, lo escribáis en un papel y así será más fácil organizar nuestros pensamientos y sentimientos, ya que estos siempre van más rápidos y puede que nos perdamos entre ellos sin llegar a ningún lado. ¡No seas vago, coge un boli y un folio y escríbelo!.

¡Acordaos! Las recompensas más útiles y que más nos aportan son aquellas que nos dan solución a largo plazo aunque cuesten más de alcanzar, citando a Plutarco, “lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza”. Guiaros por nuestro cerebro humano, no por nuestro cerebro animal.

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Referencias:

Fulton, S. (2010). Appetite and reward. Frontiers in neuroendocrinology, 31(1), 85-103.

DiPatrizio, N. V., Astarita, G., Schwartz, G., Li, X., & Piomelli, D. (2011). Endocannabinoid signal in the gut controls dietary fat intake. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(31), 12904-12908.

*Imagenes de Google images.