NUTRICIÓN/ Azúcar y otros endulzantes en niños y adultos ¿Qué si y qué no?

 




La semana pasada, hablamos en un post sobre nuestro gran conocido el azúcar, el cuál podéis consutar aquí, y a estas alturas todo el mundo tiene muy claro que el consumo de azúcar es perjudicial. Dependiendo del compromiso de cada uno con su salud, este es eliminado o no de la dieta, pero afortunadamente ni el que come chucherías a diario vive de espaldas a esta verdad.

Sin embargo, si preguntamos a alguien sobre si los niños deben tomar azúcar o no, aparecen las dudas. ¿Deberían los niños tomar azúcar? Muchos padres creen que sí, que los niños tienen que comer de todo y que eso incluye el azúcar. Otras familias, más conscientes de los efectos de este endulzante y/o más interesados en la nutrición creen que no deberían tomar azúcar blanca, pero sí miel, azúcar de caña o sirope de ágave.

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¿Cuál es la realidad? Lo cierto es que el azúcar afecta más negativamente a un niño que a un adulto por una razón muy simple: al tener un cuerpo más pequeño, el impacto que genera en él una misma cantidad de producto es mayor que el que genera en un adulto. Esto nos deja claro que no existe un colectivo para el que sea positivo su consumo. Ahora bien, que nadie se ponga nervioso porque un día su hijo se coma una galleta, porque como todos sabemos, “la dosis hace el veneno”.

Entonces, si los niños tampoco deben tomar azúcar, ¿Con qué endulzamos sus comidas? Pues en mi opinión, con nada. Mantener “virgen” el paladar de tu hijo es un regalo que le haces a largo plazo, ya que si no atrofias sus papilas gustativas con sabores extremadamente dulces, va a ser capaz de apreciar el sabor de la comida real y va a prescindir, en su edad adulta, del azúcar y de los edulcorantes artificiales, los cuales a pesar de no aportar calorías, tienen efectos adversos sobre nuestra flora intestinal o microbiota, que es, junto con la piel, nuestra barrera protectora contra las bacterias y virus.

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Llegados a este punto, estoy segura de que habrá quien se pregunte por la miel y el sirope de ágave o la stevia. La verdad es que los dos primeros son azúcar y agua. Es cierto que la miel cruda tiene algunos micronutrientes, pero la proporción en la que estos se encuentran es mínima, y en una cucharada estos resultan insignificantes, eso sin contar que esas mismas vitaminas las podemos encontrar en otros alimentos. Sobre la stevia, decir que a pesar de que yo la utilizo alguna vez (siempre pura y de herbolario, la de los supermercados solo contiene un 2% de extracto de la planta, el resto es eritritol, un edulcorante barato que se utiliza como agente de carga), tampoco se ha comprobado que sea buena para la salud, puesto que puede llegar a tener algunos efectos adversos.

Entonces, a modo de conclusión, ¿Qué es lo que recomiendo para cualquier persona independientemente de su edad? Mi aportación es clara: aprender a disfrutar del sabor real de las cosas. Sin embargo, soy consciente de que esto no se consigue de un día para otro; endulzar es un hábito que hay que cambiar, y cuesta igual que eliminar los bollos o las patatas fritas. Es por esto que creo que un buen sendero sería pasar del azúcar o la miel a la stevia, de la stevia a endulzar con frutas como plátano o dátiles, y de ahí a no endulzar con nada (en el caso de los niños, me saltaría el paso de la stevia).

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PD: Habrá quien te asuste diciéndote que hay órganos, como el cerebro, que son glucodependientes. Esto es cierto, pero en nutrición hay que cogerlo todo con pinzas. ¿Es que el azúcar de las frutas (fructosa) no se convierte en glucosa? En realidad, cualquier carbohidrato ‘’se corta’’ en moléculas de glucosa para poder ser asimilado, de modo que aunque comieses solo arroz o patata, ¡tu cerebro ya iría bien servido de sugar!




Autora: Sonia Exposito @esarckson