NUTRICIÓN PARA NIÑOS/ ¡A dieta!

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¡A DIETA!

Sonia Expósito Arcas

En una sociedad en la que se tiende a comer por apetito (que no hambre) y se considera normal que una persona ingiera cantidades superiores a sus necesidades por el mero hecho de que “está bueno”, no resulta nada sorprendente que, quien más quien menos, tenga algún kilo de más. Sin embargo, esto choca fuertemente con el canon de belleza que tenemos aceptado, en el que se promociona una delgadez que roza la enfermedad. Esta falta de correspondencia entre una cosa y otra es la que hace que millones de personas, especialmente chicas adolescentes, sufran problemas de autoestima que deriven en trastornos como la bulimia, en el que la persona se siente forzada a seguir comiendo, pero luego se arrepiente y vomita.canon_masculino_3159_544x389

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¿Con esto qué quiero decir? En ningún caso estoy hablando de que intentemos “ser como las modelos”, porque eso es muy poco saludable y antinatural; a lo que me refiero es a que no tiene sentido creer en ese tipo de cuerpos en un ambiente en el que una ensalada vale 10€ y una hamburguesa 1€.
Entonces, ¿Qué hago si mi hij@ me dice que quiere adelgazar? En primer lugar, valora si le hace falta realmente o no. Si sufre sobrepeso, no te líes a inventar: llévalo a un nutricionista, al endocrino, etc., y consigue que le hagan un estudio exhaustivo y una dieta personalizada, porque aunque en el caso de los adultos no se puede generalizar y decir “voy a comer pescado y ensalada cada día y ya está”, cuando se trata de niños o adolescentes los riesgos son mucho mayores, ya que están creciendo y evolucionando constantemente y necesitan un aporte calórico superior al de una persona de 40 años de las mismas características.




¿Y qué pasa si no lo necesita? Aquí todo se complica un poco, porque el problema se da en el plano psicológico. En primer lugar, debes ayudarle a reforzar su autoestima y a intentar destruir sus inseguridades remarcándole las cosas que hace bien, diciéndole lo guap@ que está o haciéndole fotos al lado de personas cuyos físicos considere mejores que el suyo, para que se dé cuenta de que no es así, aunque le cueste verlo. Si se observara que el sentimiento de inferioridad no remite o va a peor, yo no dudaría en contactar con un profesional de la psicología que le ayudara con su problema y evitara un futuro trastorno.

¿Y si las inseguridades van ligadas a un sobrepeso u obesidad real? Esto es muy común (aunque no pasa siempre) y en este caso lo que habría que hacer sería combinar un buen plan de comidas con los refuerzos positivos necesarios para que tu hij@ aprenda a quererse y se sienta bien consigo mismo, independientemente de lo que diga la báscula.

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Yo fui una chica con sobrepeso y con inseguridades físicas (no quería ponerme ropa muy ceñida ni muy corta, prefería la ropa de invierno a la de verano…), pero éstas no salieron de ese plano durante varios años. Yo no atribuía nada de lo que iba mal en mi vida a que tuviera “unos kilos de más”, y me sentía tan válida como cualquier otra chica para hacer lo que me propusiera. Finalmente, un día eso cambió y empecé a plantearme que quizás mis fracasos tenían que ver con mi cuerpo, y fue ahí cuando decidí que quería adelgazar (hasta ese momento, no le había dado mayor importancia, porque mis analíticas salían siempre bien). Pues bien, después de perder 20 kg ¿Sabéis qué descubrí? Que seguía teniendo exactamente los mismos problemas que tenía antes, y que, por lo tanto, estos no tenían nada que ver con mi imagen.

Cuida la salud mental de tu hijo y su alimentación: reconócele sus logros y virtudes y enséñale a comer bien. No hay nada mejor que sentirse fuerte y sano por dentro y por fuera.

Autora: Sonia Exposito @esarckson